“Por eso siempre quedará el teatro” podría titularse este artículo, en el que Héctor Calori (67), respetado actor de una generación que parece extinta de la pantalla chica, se muestra crítico por la falta de temáticas inherentes a esta edad en la televisión, un formato que “está medio en stand by para no decir en previo deceso”, según asegura en diálogo con EL DIA.
Para el intérprete, de gran porte y rostro fácilmente reconocible, dueño de una gran cantidad de personajes en ficciones que en su momento hicieron estallar el rating, “el panorama televisivo está mal, sobre todo para los actores porque hay muy poca ficción y cada vez más las temáticas que se tocan no contemplan un poco la problemática de generaciones que tengan que ver con mi edad, sino que van destinadas a un público más joven”.
Paradójicamente, dice Calori, que debutó en tevé en 1982 de la mano de “Aprender a vivir”, los destinatarios de estas nuevas producciones “no son el público que se siente a mirar televisión, porque los pibes no miran. El público para el cual se cuenta la tevé, no es el que se sienta a ver los programas de ficción. Todo lo contrario. Las temáticas de gente grande no se tocan”.
El actor, que fue parte de “Gasoleros”, “Valientes”, “Malparida” “Farsantes” y, más recientemente, “Los ricos no piden persmiso” entre otras ficciones, asegura que no es problema de “material humano porque hay de sobra”, tanto autores como actores. El quid de la cuestión pasa por una temática que, entiende, “se muestra cada vez más acotada” con una tendencia que parece apuntar hacia un mismo lugar, una y otra vez: “Pareciera ser que lo único que se puede contar es aquello que tiene que ver con la marginalidad”.
Critica el actor que la pantalla no muestra “gente normal que padece situaciones de la vida cotidiana, con todos los pro y los contra”, y agradece, por caso, la presencia siempre desinteresada del teatro, “la casa matriz del actor”.
“Yo nací en la profesión en el teatro. La televisión fue algo que apareció, que agradezco, me encanta, pero de donde uno viene, de dónde uno proviene es del teatro. Es el lugar al que uno recurre siempre, por lo menos, para hacer ejercicio de la profesión, y para sentir que uno está vivo, que no está marginado del trabajo que es lo que lo completa a uno como ser humano, en todas las ramas, no sólo a nosotros los actores”, destaca Calori, que integró el elenco del Teatro General San Martín bajo la dirección de muchos de los mejores directores, participando en la representación de grandes clásicos de la dramaturgia universal, como “Noche de Reyes”, “Bodas de sangre”, “La misión”, “El rey Lear”, y “El mono que descendió del homo”. También actuó y dirigió la obra “Anclao en Madrid”.
Su última reflexión, precisamente, tiene que ver con “Aeroplanos”, la obra de Carlos Gorostiza en la que comparte elenco con Guillermo Marcos y con la que desembarcará esta noche en La Plata en donde ofrecerá una única función en Teatro Estudio, 3 entre 39 y 40, desde las 21.
“Cuando me proponen esta obra ya estaba entrando en una curva que no me gusta, que es la de ‘¿y ahora qué hago?’. Y esto es muy placentero porque además es un material que transcribe muy bien el acontecer de un mismo en estos momentos de la vida”, remarca Calori, que entró al proyecto con la obra girando en reemplazo del Tano Ranni.
Recorriendo la provincia en el marco del programa provincial AcercArte, y con otras funciones por diferentes escenarios del interior, Calori se dio cuenta de movida del poder del texto de Gorostiza, a su entender, “uno de los mejores que ha escrito”.
Con una versión que adaptó él mismo a su personaje y a lo que podía aportar con él a la historia, el actor se muestra más que conforme con la propuesta porque presenta un tema muy abarcativo.
“Aeroplanos” es la historia de dos amigos entrañables, de clase media, que se conocen desde hace sesenta años. Su convivencia nos ofrece un intenso y rico intercambio de humor, ternura y solidaridad. Sienten a la amistad como a un verdadero gozo que el espectador comparte desde su propia experiencia. La obra plantea, desde el alma misma del adulto mayor, el oscuro temor a la muerte, la soledad, la pérdida de la independencia y la iluminada esperanza de disfrutar libremente los últimos años de vida.
“Me agarra en un momento muy particular la obra porque yo tengo 67 años, no soy un nene, y es un texto que entra a jugar en la temática o problemática que tiene que ver con esas edades, con lo que te puede estar pasando o lo que te va a pasar dentro de cinco minutos. Todo lo que tiene que ver con la finitud, con las enfermedades, con las cosas que acarrea el paso del tiempo, sumado, a lo entrañable que tiene que ver con lo vincular, con este amigo, las anécdotas, las cosas que han vivido. Y en lo particular es muy movilizador porque te resuena en lo que uno está transitando en este momento de su propia vida”, indica el actor, sorprendido por el variado tipo de público que se acerca a las funciones.
“Tenía el prejuicio que iba a estar determinado a un público de edad específica, pero me equivoqué. Paradójicamente, en las experiencias que hemos tenido, había mucho público juvenil, y me decían que los había impactado mucho porque, claro, el tema no es sólo lo que tiene que ver con el paso de los años, tiene que ver con los sentimientos, la emociones y porque más allá de que ahora tengas 30 años, son temas que en algún momento los vas a transitar. Y uno, inevitablemente, de lo consciente o subconsciente, sabe que esto sucede en la vida. Es raro que no te movilice esta obra porque aborda temas inherentes a la condición humana”, cierra el actor, entusiasmado con el estreno en nuestra ciudad.
“Al teatro se recurre para sentir que uno está vivo, que no está marginado del trabajo”
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